domingo, 20 de julio de 2025

Marc Marquez no corre, vuela bajito

Ser seguidor de Marc Márquez no es solo apoyar a un piloto. 

Es levantarte un Domingo temprano con tu mujer y tu hija y verlo correr. Es gritarle a la tele como si Marc pudiera oírte desde Japón. Es sufrir, reír, llorar y volver a sufrir… pero siempre con una sonrisa, porque con Márquez nunca se sabe si va a adelantar por fuera, por dentro o por un túnel que solo él ve. 

Marc no pilota una moto. Él y la moto son uno solo. Los demás pilotos giran. ¿Tú sabes lo que es salvar una caída con el codo? Lo hemos visto muchas veces. No es humano. Es como si hubiese firmado un pacto con las leyes de Newton y les dijera: “Mirá, yo las respeto… pero solo cuando me da la gana”. 

Es el tipo que se cae, se rompe el brazo, se lo arreglan con tornillos, se lo vuelve a romper, lo reconstruyen con piezas de un avión y, aún así, vuelve como si nada. Y cuando lo ves en la parrilla de salida, con esa sonrisa traviesa, ya sabes que algo va a pasar. Si hay drama, está metido. Si hay milagro, lo protagoniza. Si hay una cámara, él está delante. Porque no hay carrera aburrida si está Marc. 

El tipo no sabe lo que es un “paseo tranquilo por el circuito”. Él va a la guerra… con el puño a fondo. Por eso, cuando te preguntan por qué eres fan de Márquez, no sabes por dónde empezar. ¿Por las 8 coronas? ¿Por las salvadas imposibles? ¿Por el espectáculo puro? ¿Por el “gas a fondo” aunque tenga una escayola colgando del hombro? No. 

Eres fan porque Marc representa la locura hermosa de este deporte. Porque nunca da nada por perdido. Porque lo ha ganado todo y sigue pilotando como si tuviera que demostrarlo todo otra vez. Y aunque le toque pelear con motos que parecen aviones, él sigue dando guerra. Porque lo suyo no es solo ganar: lo suyo es hacer historia. 

Y si es derrapando, a 300 por hora y mirando de reojo al rival, mejor. Ser un auténtico seguidor de Marc Márquez es saber que cualquier Domingo puede pasar algo legendario. Es tener el corazón a punto de infarto en cada curva. Es celebrar como un gol cada adelantamiento. Es confiar en que, incluso cuando nadie lo ve favorito, él puede inventar lo imposible. 

Así que sí, soy fan de Marc Márquez. Y lo seré aunque corra en patinete, en burro o en una bici con rueditas. Porque lo que corre no es la máquina: es la leyenda que la lleva encima. Ahí está Marc. Sonriendo, con el mono manchado, el hombro a medio colocar, el gas a fondo y el espíritu de campeón intacto.

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