Todos queremos una vida única y emocionante, pero lo cierto es que ya la tenemos, solo que nuestros momentos más épicos son distintos.
Por ejemplo, salir de la ducha y darte cuenta de que no hay toalla. En ese momento tu casa se convierte en una zona de guerra. Empiezas a calcular la ruta más corta hasta el armario, esquivando ventanas, suelos fríos y cualquier posibilidad de hacer contacto visual con alguien del exterior.
Y esa batalla diaria llamada "qué vamos a comer hoy" ¿que me deciis?. Se empieza con ganas diciendo, "hoy voy a cocinar, yo" y se acaba pidiendo un kebab al "amigo de abajo".
Ni hablar del misterio del calcetín perdido. Empiezas con un par por la mañana, los metes a lavar… y mágicamente solo uno regresa. ¿Dónde está el otro? ¿Hay una dimensión paralela solo de calcetines sin parejas? ¿Existirá el cielo de los calcetines solteros?
Y luego está el clásico de recordar algo muy importante justo cuando te estás quedando dormido. Tu cabeza, que ha estado medio dormida todo el día, de repente se activa y te pregunta, “¿Te acordaste de apagar el fuego de la cocina? ¿Cerraste la puerta de casa con llaves?
En fin, la vida cotidiana puede parecer normal… pero está llena de comedia, misterio y acción. No necesitamos una serie de Netflix ni de HBO: ya vivimos en una.
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